Who is Taireyan Raidiny?
Taireyan Raidiny nació cerca de New Valley en la Republica de Arabia, Egipto. Su padre era un antropólogo muy famoso por los países orientales pero después de una corta infancia en aquel país, su familia se mudó a Nueva York ya que su padre fue invitado a participar en un proyecto muy ambicioso en Union College-Jewish Institute of Religion, sus padres le enseñaron muchas cosas sobre su verdadera cultura aunque al final el creció como cualquier chico americano. Cuando terminó el colegio aplico para estudiar Cultura antropologica de países de oriente, mientras estaba en el primer semestre conoció a un hombre doctorado en la Historia de Arabia, Abdel Rahmân.
El señor Abdel Rahmân tenía un hijo adolescente llamado Rabah, este era muy diferente a su padre, no le gustaba la historia en absoluto pero bueno, que se puede decir de un adolescente no?, a Rabah le gustaban las fiestas y el baile, queria estudiar gastronomia o cualquier otra cosa extravagante, en realidad no tenia nada en común con Taireyan.
Una noche después del trabajo de medio tiempo que Taireyan hacia en una libreria cerca de la universidad encontro un par de libros muy interesantes al final del pasillo ‘historias antiguas y un tanto extraordinarias’ que tenia la libreria, un poco más al estilo ciencia ficción pero con un nombre mas retocado, ambos libros tenian un sello muy peculiar que rapidamente atrajo su atención y comenzó a hojearlos quitando el exceso de polvo a su paso, más que ciencia ficción Taireyan los encontró muy interesantes, hablaban sobre difersas culturas en el medio Oriente, creyó que seria buena idea enseñarselos al Doctor Abdel Rahmân, aunque no estaba seguro si seria buena idea ir de inmediato aunque por otro lado la ansiedad de su nuevo descubrimiento lo estaba consumiendo de una forma poco usual, dio una ultima hojeada al libro y sin darse cuenta se corto el dedo con una de las hojas peligrosamente afiladas por la delicada delgadez que tenian, se llevó el dedo a la boca con avidez y sintió el sabor a oxido de la sangre, hizo un gesto repulsivo y luego cerró el libro dejando la hoja salpicada con su roja sangre.
Cuando estuvo cerca de la casa del doctor, vio que las luces estaban aún encendidas así que creyó que después de todo no había sido una mala idea pasar por ahí, realmente no queria ser una moléstia. Se acercó al portal de la casa y llamó un par de veces pero no obtuvo respuesta, probablemente lo conveniente habría sido regresar a casa más Taireyan se habia caracterizado por ser un chico muy curioso desde su infancia, así que recorrió la casa en señal de vida en el interior, al llegar al patio trasero escucho un par de gemidos, sin duda alguien estaba vomitando cerca porque podia sentir el olor agridulce del liquido asqueroso, vio entonces a Rabah de rodilla sobre lo que era una especie de jardín con tulipanes blancos, ahora teñidos de un color amarillento, corrió entonces a sostenerlo de los hombros porque parecia que estaba a punto de colapsar sobre aquellas flores y todo lo que se le había escapado del estomago
-¿Te encuentras bien… Rabah?- La pregunta era claramente un insulto, obviamente no estaba a mar de bien.
-¿Y tú quién eres…dude?- me preguntó con la cara un poco pálida y tratando de tener el control de su cuerpo para no caer
-Soy amigo de tu padre, vine enseñarle algo que acabo de encontrar, su rostro mostró un sigilo de interés cuando me vio a los ojos
-Ah tu haz se der Teriyaki, ¿verdad?-
-Me llamo Taireyan- le corregí -No soy salsa de comida japonesa- Y solté una pequeña risita porque nadie me había llamado de esa forma y se me hizo algo gracioso y bastante original si se tratase de un insulto
-Bien, lo que sea- dijo el mientras trataba de levantase nuevamente, -¿Quieres darme una mano?- pregunto con la voz un poco fatigada, para ser un chico de esa edad me sorprendí un poco al verlo en ese estado, aunque bueno tampoco era tan chico y yo tan mayor.
Entramos a su casa por la puerta de la cocina, él se dejó caer sobre el lavabo y abrió la llave para mojar su cabello, yo me quedé parado a un lado por si decidia que el sueño le sentaba mejor y tenia que sujetarlo para que no cayera.
-No debí comer esas papas rancias- dijo de repente alejandome un poco de mis pensamientos
-¿Papas?- dije yo sin pensar, había creído que todo aquello se debía a beber en exceso como era común en él, según lo que había llegado a escuchar del “pequeño” Rabah
-Si, papas fritas… un compañero del colegio me retó a hacerlo y mira el resultado- Puff, bufó con un tono de alivio con el semblante menos pálido cuando se paró y me miró de frente
-Ya estoy mejor-
Sin duda ya tenia mejor cara, más humana e infantil aunque estaba todo mojado y la playera de color bastante exóticos se le señia al pecho, me sentí un poco incómodo no supe por que
-Me alegro… bien será mejor que me vaya, parece que el Dr. Abdel no se encuentra, por favor dile que he venido a buscarlo- entonces giré para salir por la puerta que daba al jardín pero entonces él sujetó mi mano
-Estás sangrando del dedo- dijo él mientras señalaba con su dedo incide el mío, me quedé un poco desconsertado, la verdad era que no había notado que siguiera sangrando, sentí una pinchadura en el dedo y me lo llevé nuevamente a la boca para chupar el exceso de mi sagre, pero esta vez sentí un sabor dulce en el paladar…




